Internacionales.

En gran parte de los EEUU se obliga a un juramento de lealtad, no al Estado donde se trabaja, no a los EEUU, sino a Israel!

El genocidio en Gaza

El 7 de octubre pasado Hamás, la fracción de la resistencia palestina que gobierna en la Franja de Gaza (una de las dos áreas de la antigua Palestina, teóricamente destinadas a la conformación del Estado Palestino, siendo Cisjordania, gobernada por Al Fatah la otra), lanzó un ataque contra el lindante sur de Israel, asesinando a más de 1200 personas y secuestrando a más de doscientos rehenes.
El gobierno derechista de Benjamín Netanyahu, en alianza con sectores ultraderechistas y religiosos aún más fanáticos que el Primer Ministro israelí, venía de un largo período de cuestionamientos, con grandísimas manifestaciones callejeras de sectores de la población judía israelí que resistían los intentos del gobierno de modificar leyes reduciendo facultades del poder judicial que venía poniendo límites a la deriva cada vez más autoritaria y de avance hacia un mayor predominio religioso, que puso en pie de guerra a los sectores más democráticos y laicos. Pesan además sobre Netanyahu, serias acusaciones de corrupción que, si no lo han llevado todavía a la cárcel, es por la inmunidad de la que goza mientras dure su cargo de Premier.
El ataque de Hamas puso en evidencia las fallas en el aparato de seguridad israelí, de cuya infalibilidad se jactaba el gobierno, aunque – paradójicamente -, el paso automático del país al modo guerra puso en pausa los cuestionamientos internos. Tanto los que venían en marcha por todo lo antes señalado, como las críticas a las falencias en seguridad que ahora se agregaban.
Mientras la etnocracia (mal llamada democracia) israelí, promueve desde siempre la emigración de judíos (preferentemente europeos o askenazis, no tanto de otros orígenes) hacia ese país; los avances autoritarios de los últimos años y otras causas venían haciendo que eran muchos más los que emigraban desde Israel, que los que lo hacían hacia allí. Ahora se suman más razones.
La tradicional política israelí, de intentar permanentemente mostrarse como incuestionablemente superior desde el punto de vista militar a cualquier fuerza que se le oponga (política que ya se ha llevado sus chascos, como cuando tuvieron que retirarse del Líbano, con el rabo entre las patas, corridos por Hezbollah, en 2006), sumado al carácter belicista y ultraderechista del actual gabinete israelí, en el que no faltan incluso ministros que corran por derecha a Netanyahu, preanunciaban una respuesta draconiana de Israel al ataque de Hamas.
El ataque aéreo y terrestre a la Franja de Gaza ya ha producido más de 35000 muertos, en su abrumadora mayoría civiles, más de la tercera parte niños, ha incluido numerosos ataques a hospitales, destrucción de la mayoría de las viviendas, un cerco aún mucho más asfixiante sobre toda la región, que el que ya Israel venía ejerciendo, como castigo a la población por haber votado a Hamas en las elecciones de 2006, y desde entonces. También el asesinato deliberado por las tropas israelíes de trabajadores de organizaciones humanitarias, en vehículos perfectamente identificados.
La cuestión de los rehenes tomados es otra cuestión espinosa: Cerca de la mitad de ellos han sido liberados a través de acuerdos con Hamás, en general a través de canjes por palestinos detenidos, la mayoría de ellos presos en cárceles israelíes sin que se les hubiera formulado cargos, dado que las leyes de ese país permiten la detención en semejante situación por períodos de seis meses renovables, habiendo casos de 8 años prisioneros así, y hasta menores de 12 años incluidos. La afirmación gubernamental de que la ofensiva permitirá liberar a los rehenes está desmentida por el número muy pequeño de los que fueron rescatados así, y en cambio son bastantes más los asesinados por las propias tropas de la Fuerza de Defensa de Israel “por error” o muertos en los bombardeos. Esta situación, por supuesto que genera tensión entre Netanyahu y los familiares de los rehenes, que piden priorizar su rescate.
Sudáfrica – que tiene bien fresca la colaboración dada por el Estado israelí a los genocidas del régimen del Apartheid sudafricano hasta último momento, cuando ya hasta EEUU había dejado de apoyarlo – presentó ante la Corte Penal Internacional una denuncia por genocidio contra Netanyahu, que tiene bastante preocupada a la dirigencia israelí, por la posibilidad de que se emita una orden de captura contra el Premier, lo que desgastaría aún mucho más el relato de ese país ante el mundo. Ese relato, basado en el derecho de Israel “a defenderse”, mediante acciones que ya han claramente mucho más que sobrepasado la proporcionalidad de una defensa, es apoyado por la mayoría de la población israelí de origen judío – consolidado por una férrea represión interna que castiga con la cárcel la menor expresión de disidencia con ese relato; pero ha perdido, como nunca antes, su verosimilitud ante el mundo, que ha presenciado y presencia multitudinarias movilizaciones de apoyo a Palestina y repudio al genocidio en numerosos países europeos y que ha alcanzado una de sus expresiones de mayor visibilidad en los acampes y protestas de estudiantes y profesores de numerosas universidades de los EEUU, reprimidas y con miles de detenidos, en un movimiento que se opone principalmente al apoyo militar que todos los presidentes norteamericanos y en particular el actual han dado y dan a Israel, esencial para su aparato bélico israelí. El actual y creciente movimiento juvenil norteamericano recuerda al desarrollado durante la Guerra de Vietnam, que fue uno de los factores decisivos para obligar al país a retirarse de allí y, en definitiva, terminar de perder la guerra. Colombia rompió relaciones con Israel, en repudio al genocidio.
Dado que los EEUU es asiento de la mayor colectividad judía fuera de Israel (aunque es completamente distinto ser judío, una cuestión étnica, a ser sionista, una definición política), es natural que se hayan intentado contraponer a algunos de estos acampes universitarios, otros pro Israel. El lobby sionista en los EEUU es extremadamente poderoso, se ha desarrollado y organizado durante décadas y es decisivo en la política exterior norteamericana. Tiene un peso tal que más de la mitad de los estados han aprobado leyes que obligan a las personas y empresas que van a ser firmar contratos de empleo u otros que firmen un compromiso de que no adherirán a un boicot contra Israel. Lo ilustra el caso de la fonoaudióloga texana de Austin, Bahia Amawi, que fue dejada cesante, tras 9 años, por negarse a firmar ese juramento. Es decir: En gran parte de los EEUU se obliga a un juramento de lealtad, no al Estado donde se trabaja, no a los EEUU, sino a Israel!
Los defensores de la política israelí, pretenden confundir la política de solidaridad con el pueblo palestino y la crítica al sionismo, con el “antisemitismo”. Exceptuando algunos pocos casos aislados, los movimientos que han tomado envergadura mundial a favor de Palestina, se diferencian claramente del antisemitismo y de cualquier racismo. Al revés, no son pocos los casos históricos en los que el Estado de Israel no sólo ha coincidido con regímenes racistas sino que incluso ha convergido con sectores abiertamente nazis, como durante la dictadura de Pinochet, apoyada tanto por los nazis de la Colonia Dignidad, como por ese Estado.
La tensión en Asia Occidental (mal llamada “Medio Oriente”, siendo que es Oriente sólo cuando se la mira desde Europa. Mirando desde China o Japón, en cambio sería “Occidente”) se ha incrementado notablemente a raíz de esta invasión, no sólo en Gaza: En Yemen, que controla la entrada al Mar Rojo, vital para una parte sustancial del comercio mundial, los Hutíes que gobiernan, han lanzado numerosos misiles contra barcos que entran a ese Mar, en especial si se destinan al comercio israelí, y, además de los barcos que han impactado, han hecho que muchos otros desistan de esa ruta. En el norte de Israel, en la frontera con Líbano, se hicieron más frecuentes los choques e intercambios de misiles y artillería con Hezbollah. En Cisjordania aumentaron los asesinatos de palestinos por las tropas israelíes y por paramilitares, denominado “colonos” por la prensa hegemónica.
Israel bombardeó el consulado iraní en Damasco, Siria, asesinando a varias personas, algunas con cargos importantes en Irán. Además de la violación de la soberanía siria y de los tratados de protección de áreas diplomáticas, Israel ya había realizado en los años precedentes bombardeos en instalaciones en Irán, asesinado a varios científicos y a muchas otras personas dentro de Irán a través de sus servicios de inteligencia (aunque esto no fue reconocido oficialmente), sin que hubiera grandes reacciones. El ataque al consulado fue la gota que rebalsó el vaso, y esta vez Irán lanzó un ataque masivo con drones y misiles contra Israel. Según éste, el sistema de defensa antiaérea (en parte propio, pero combinado decisivamente con estructuras estadounidenses, de países vecinos y otros), paró la casi totalidad del ataque. Luego Israel lanzó otro contra Irán, que tampoco produjo grandes daños. El resultado militar de ambos ataques fue muy menor y ambos países se dieron por satisfechos por haber respondido. Pero el mensaje político fue claro: Israel no va a seguir tolerando ataques israelíes a su soberanía sin responder.
Después de haber forzado la evacuación de la población de la mayor parte de la Franja hacia el Sur de la misma, afirmando que la ciudad de Rafah, allí ubicada, y lindera con Egipto, era “zona segura”; pretende (y de hecho ha comenzado) a atacar a esa ciudad y obligado a evacuar a unos 100.000 civiles de algunos barrios. Esto excede a tal punto todos los límites, que hasta el propio Biden dijo que suspendería la entrega de ciertos armamentos a Israel, si este atacaba Rafah.
En las Naciones Unidas, se planteó el reconocimiento pleno del Estado Palestino (pendiente desde 1948, cuando la resolución planteó su creación). Primero en el Consejo de Seguridad, donde 12 miembros apoyaron, 2 se abstuvieron y uno sólo votó en contra. El problema es que ese único voto en contra es de EEUU que tiene poder de veto. Luego, en la Asamblea General, 143 votaron a favor, 25 se abstuvieron y hubo 9 votos en contra (EEUU, Israel, Argentina, entre ellos). Algunos países, como España, por otro lado, dijeron que pronto reconocerán al Estado Palestino de pleno derecho.
El genocidio cometido por Israel en Gaza, contradictoriamente, está produciendo el avance del reconocimiento de los derechos y el Estado Palestino en el mundo.

Alberto Cortés
11/5/2024

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *